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Cultura Enero 13, 2013


Las Cuatro Estaciones de Vivaldi del siglo XXI
Pablo Espinosa (La Jornada)

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He aquí un nuevo descubrimiento, un nuevo motivo de gozo, una aventura para vivirla intensamente: Recomposed by Max Richter. Vivaldi The Four Seasons, se titula esta novedad discográfica que mantiene, ya por varias semanas, literalmente en éxtasis al Disquero.

Estos son los antecedentes: la disquera más importante del planeta, la alemana Deutsche Grammophon, inició hace algunos años una serie formidable: Recomposed by, consistente en encargar a jóvenes compositores, con públicos asiduos cada uno de ellos, para que retrabajen partituras de autores consagrados, con el propósito de atraer nuevos públicos a la música de concierto.

El primer disco de esta serie estuvo a cargo de Matthias Arfman, a quien siguió, en el segundo volumen de la serie, Jimmi Tenor, y enseguida la pareja Carl Craigen y Moritz von Oswald.

El cuarto volumen fue encomendado a Matthew Herbert, ese mago del sampleo, quien grabó sonidos (un poco a la manera del protagonista de Historia de Lisboa, de Wim Wenders) cerca de la tumba de Gustav Mahler, en el cementerio Grinzing, de Viena. Y también se puso a grabar sonidos de radio emitidos dentro de un ataúd.

El quinto y nuevo volumen acaba de publicarse y es una obra maestra: a diferencia de sus antecesores, todos alemanes, el maestro Max Richter, de 46 años de edad y con una trayectoria fulgurante, no recurrió al manido arte del sampler para rescribir una de las obras más cercanas al corazón de muchos humanos: las Cuatro Estaciones de Vivaldi, con resultados exultantes.

Realizar intervenciones a esa partitura, costumbre adoptada por los anteriores autores de esta serie, hubiera sido, en palabras del propio Richter, "tan frustrante como ponerse en excavar en una mina, encontrar diamantes, pero no poderlos sacar a la superficie". Para lograrlo, se metió de clavado en la partitura, nota a nota, compás por compás, la abrió en canal y literalmente la volvió a escribir.

El compromiso con el cual Richter realizó este trabajo es resultado de la fascinación: para él, Las Cuatro Estaciones es un gran paisaje que todos conocemos y que nos fascina. El paisaje de lo conocido lo convirtió Max Richter en el paisaje de lo que está por conocerse: al escucharlo, uno experimenta algo superior al déja vu: uno ha escuchado esta música toda su vida, desde el momento en que nació sonaba, pero puede parafrasear a Charly Parker y decir: "¡Momento, esta música ya la escuché pasado mañana!"

Crea así Max Richter con Las Cuatro Estaciones un puente natural de encantamiento hacia el territorio de la magia fosforescente, hacia el confín de las joyas radiantes que están al alcance de nuestras manos en una dimensión donde el tiempo y el espacio ya no existen.

No en balde está en cartelera en estos días en Londres la más reciente obra de Max Richter: la ópera SUM, basada en el libro, fascinante, del neurocientífico David Eagleman: Cuarenta historias de la otra vida. La vida después de la vida. Libro apasionante, interesante pero sobre todo divertido con un tema serio, tratado en serio por un científico que escribe y lo hacede manera magistral.

El track 7, correspondiente al movimiento Presto, de El Verano de Las Cuatro Estaciones, es el favorito de el Disquero: es puritito heavy metal para orquesta, según definió el propio Richter, quien rescribió este pasaje "pensando en la manera como John Bonham aporreaba la batería". Prodigios del barroco: Vivaldi redivivo en Led Zeppelin.

Para completar su nuevo y feliz descubrimiento, el Disquero compró todos los otros discos asequibles (en iTunes) de Max Richter (el de Las Cuatro Estaciones sí se consigue en formato cedé en México) con resultados igualmente fascinantes.

Max Richter es inglés, pero nació alemán. Fue alumno de Luciano Berio en Florencia y su vida musical profesional la inició, al día siguiente de graduarse, con su fabuloso grupo de cámara Piano Circus, cuyo título lo dice todo y con el cual difundió la hasta entonces desconocida obra de un compositor que respondía al nombre de Arvo Pärt (hoy reconocido como el más grande compositor vivo) y en su repertorio también lucían partituras del mismísimo Brian Eno, así como de Steve Reich y Philip Glass, entre otros gladiadores.

Al Disquero le place en especial el disco 24 Postcards in Full Colour: igual número de miniaturas con una diversidad alucinante y que el sentido del humor de su autor lanza como "tonos para celular", jeje.

El estilo, la música de Max Richter es un crisol magnifiscente: posminimalista, orquestador magistral, experto en música electrónica, fascinado por el paisaje orquestal por igual que por el rock de los 60 y 70. Por momentos nos conecta con Michael Nyman y Alexander Balanescu, otros con Steve Reich, otros más con Terry Riley, pero también con Led Zeppelin y los grupos de rock progresivo que utilizaron el clavecín en algunos de sus discos, y otros no necesariamente progresivos, como los Beach Boys, o Los Beatles en Abbey Road.

Todo ese crisol esplende, refulge y nos pone en órbita en su más reciente obra maestra: Recomposed by Max Richter. Vivaldi The Four Seasons (Deutsche Grammophon).

He aquí una nueva obra maestra.


Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2013/01/12/cultura/a16n1dis

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