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Economía Enero 11, 2013


Los enigmas de América Latina
Bernardo Kliksberg (Página 12)

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América Latina aparece a primera vista como una tierra de enigmas. The Economist se asombra ante algunos de ellos. Se pregunta “¿Por qué Panamá, el país de la región de más veloz crecimiento, está tan furioso?” (24/11/12). La pregunta es legítima.

El crecimiento anual del Producto Bruto fue en los últimos seis años de un 9 por ciento anual. Sin embargo, en noviembre hubo una semana de rebeliones de la sociedad en Colón, con tres muertos. El gobierno aprobó una ley para vender la tierra hoy pública en donde tiene asiento la zona libre. Tuvo que volver atrás. En febrero, los indígenas protestaron en Chirique por proyectos que los dañaban. Dos muertos. Antes, los trabajadores de la banana se habían manifestado contra una propuesta para restringir el derecho a huelga. Un muerto.

El derecho a educación existe en la ley, pero es de ejercicio dudoso. Hay escasez de escuelas secundarias y la calidad es un problema mayor.

También hay enigmas latentes con relación al Perú. El crecimiento de los años recientes, muy vinculado con la minería, ha sido acelerado.

Pero es posible encontrar simultáneamente en la tapa del diario más difundido, El Comercio del 23/10/12, las siguientes noticias. El titular: “El riesgo país del Perú es el más bajo de América Latina”. Y al lado: “El Perú es uno de los países que más mejoraron su ambiente para los negocios desde 2005, según el ranking del Banco Mundial”.

Pero en la misma tapa, abajo, refiere que “De 144 economías estudiadas, el Perú ocupa el puesto 138 en calidad de la educación primaria” (Foro de Davos). La inversión del país en educación es proporcionalmente de las menores de la región.

También otra noticia de tapa da cuenta de que el consumo de la quinua, considerado el vegetal perfecto por la FAO, de gran valor nutricional, bajó un 90 por ciento en la región Puno, que es su mayor productora con 77,8 por ciento de las hectáreas cultivadas. Se señala: “En los últimos 15 años, el consumo anual de quinua en Puno pasó de 5 kilos a medio kilo por persona, debido a que el precio subió de 30 céntimos a los actuales 8 soles por el boom exportador del cereal”.

República Dominicana crece fuerte, pero tiene una de las tasas de mortalidad materna más elevadas de la región, y es difícil acceder a educación de calidad. La Constitución establece que el país debería gastar en educación no menos del 4 por ciento del Producto Bruto, una meta lejana del 6 por ciento de la Unesco, pero aun así no se cumple. La presión fiscal es la tercera más baja de la región. La recaudación sólo representa el 12 por ciento del Producto Bruto.

Colombia es otra economía con avances importantes en su crecimiento, pero The Economist destaca que la distribución de la tierra está entre las más desiguales del mundo. El 52 por ciento de las explotaciones está en manos del 1,15 por ciento de los propietarios. Sólo el 22 por ciento de la tierra potencialmente arable se está cultivando.

Chile es señalado como el modelo del crecimiento. Sin embargo, la desigualdad es muy alta. Uno de sus pilares es la “herencia maldita” de Pinochet en educación. Las inequidades son muy agudas en calidad, e ir a la universidad requiere altos ingresos. Los estudiantes de secundaria y de la universidad demandaron masivamente educación gratuita para todos, mejora de la calidad, prohibir la educación con lucro. Concitaron el apoyo de vastos grupos de la población. Lograron instalar el tema en el centro de la agenda pública.

En todos estos casos hay razones concretas por las que el crecimiento no llega a amplios sectores. La principal es la desigualdad. Los coeficientes Gini de distribución del ingreso, y de la tierra, acceso a educación y a salud pública, entre otros, son de los más elevados en términos internacionales.

Hasta el FMI termina de descubrir que la desigualdad es nefasta para el crecimiento. El The New York Times (17/10/12) informa que Jonathan Ostry del Fondo resalta en un estudio reciente con referencia a Estados Unidos que “el crecimiento es más frágil en países con altos niveles de desigualdad”, y que el aumento de la desigualdad en el país desde 1980 pudo haber reducido la expansión económica en una tercera parte.

El FMI afirma ahora que reducir la desigualdad y aumentar el crecimiento “son dos caras de la misma moneda”.

No es lo que aplicó en los ’90 en países como la Argentina, donde sus condicionalidades ejecutadas por el menemismo, su alumno ejemplar, hicieron saltar el coeficiente Gini de 0,42 en 1992, a 0,53 en 1999. Un verdadero record que llevó la distancia entre el 10 por ciento más rico y el 10 por ciento más pobre de 18 veces en 1993 a 26 veces en el año 2000. Efectivamente son dos caras de la misma moneda, ello contribuyó mucho a la implosión económica y social de 2001.

Los enigmas de la región tienen solución. Es posible reducir muy fuertemente la desigualdad, y ésa es la palanca de un crecimiento sostenido.

El Banco Mundial termina de informar, en noticia desconcertante para economistas ortodoxos recalcitrantes, que las clases medias crecieron en América Latina de 2003 a 2009, y que el líder fue Argentina, que duplicó su clase media llevándola de 9,3 a 18,6 millones de personas, seguido de Brasil y Uruguay.

El aumento en la Argentina fue de un 25 por ciento de su población, en Brasil de un 22 y en Uruguay de un 20 por ciento.

La Argentina era en 2002 un país de pobres. El 58 por ciento de la población estaba bajo la línea de pobreza y casi la mitad de ellos en pobreza extrema. Pasó, en 2009, a ser un país con cerca de la mitad de sus habitantes en la clase media.

¿Y qué tienen en común las tres economías, junto con otras del Unasur que se orientan en la misma dirección?

La igualdad es un objetivo central de sus políticas públicas. Pero la lucha por ella no se ha quedado sólo en expresiones de buenos deseos. Se ha materializado en políticas económicas potenciadoras de la producción nacional, el mercado interno, las pymes, la generación de empleo, la integración regional y de grandes inversiones sociales concretas.

La Argentina invierte en educación el 6,5 por ciento de su producto bruto, la mayor tasa de la región. Ello ha hecho posible que el 90 por ciento de los jóvenes en edad de secundaria estén hoy en la escuela. Asimismo invirtió el 1,2 por ciento de su Producto Bruto en Asignación Universal, incluyendo a los 3,8 millones de niños pobres.

El Brasil de Lula y Dilma invirtió en los grandes programas sociales, Bolsa Familia y Brasil sin Miseria, cerca del 1 por ciento de su Producto Bruto.

Uruguay multiplicó sus políticas de inclusión en la gestión del Frente Amplio, bajando la pobreza del 39 al 13 por ciento.

Hay muchísimo más por hacer, y grandes desafíos pendientes; pero ahí están las cifras, indicando que se está transitando en la dirección históricamente correcta.

Hoy los ciudadanos europeos, en plena movilidad social descendente bajo el impacto del fanatismo de la austeritis, miran cada vez más atentamente hacia un Sur en cambio profundo.

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