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Hegemonismo Enero 16, 2013


El programa nuclear de Irán y la militarización del Pacífico, elementos de un posible escenario
Ezequiel Pablo Lopardo (PIA)

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En vísperas de nuevas conversaciones entre la República Islámica de Irán con los responsables del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y con el Consejo de Seguridad de ONU, el programa nuclear iraní podría convertirse en una carta de negociación por parte de Estados Unidos en su posible corrimiento de escenario estratégico militar de Medio Oriente hacia el Océano Pacífico.

La cancillería de la República Islámica de Irán anunció que mañana –miércoles 16 de enero- en Teherán se llevará adelante una nueva reunión negociadora con la OIEA, para resolver cuestiones pendientes relacionadas con el desarrollo del programa nuclear iraní.

“Una delegación del Organismo Internacional de Energía Atómica llegará a Teherán este miércoles”, informó el vocero del Ministerio iraní de Relaciones Exteriores Ramin Mehmanparast.

El gobierno de Irán es optimista en llegar a un acuerdo con la el organismo y que éste reconozca la soberanía y el derecho que tiene el país para llevar adelante su programa nuclear. En relación a esto, Mehmanparast aseguró que la República Islámica está “dispuesta a despejar las dudas que se tienen sobre el tema y eliminar la incertidumbre” de la OIEA.

El Ministerio de Relaciones Exteriores ha manifestado decenas de veces la voluntad de colaborar con la comunidad internacional en materia de energía atómica y que se ha puesto a disposición para acatar las normas que la OIEA estableció para asegurar que su finalidad sea para uso civil y no armamentístico.

Ramin Mehmanparast subrayó que su país es un miembro comprometido del organismo de energía atómica y que eso se vio reflejado en las negociaciones del pasado 13 de diciembre entre Irán y la OIEA, donde el titular del organismo internacional, Herman Nackaerts, destacó el progreso en la resolución del desarrollo atómico iraní y que las conversaciones venían dando su fruto.

La reunión de mañana se enmarca como antecesora de las conversaciones que mantendrá Irán con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU -China, Rusia, Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos, más Alemania-, que se llevará a cabo a fin del mes de enero.

En un documento publicado el lunes bajo el título “Estrategia Estadounidense de No Proliferación para un Cambio en Oriente Medio”, especialistas norteamericanos que trabajan en la Agencia Internacional de Energía Atómica y que están vinculados al lobby sionista de ese país, advierten que la República Islámica de Irán podría alcanzar su capacidad nuclear ideal con fines militares a mediados de 2014 y proponen aumentar la ofensiva sobre el gobierno iraní cuanto antes.

Dicho informe especula sobre plazos y finalidades que hasta ahora el organismo oficial, que es la OIEA, no menciona. Es interesante analizar esta publicación en un contexto donde Irán va a recibir la visita de la OIEA previo a una reunión con las potencias mundiales, y a su vez, en medio de la polémica sobre el nombramiento de Chuck Hagel al frente de la Secretaría de Defensa en reemplazo de León Panetta.



Hacia un posible escenario mundial

El ex-veterano de la Guerra de Vietnam, Chuck Hagel, se ha manifestado numerosas veces a favor de un restablecimiento de las relaciones diplomáticas con la República Islámica de Irán y de mantener diálogos en torno a su desarrolló nuclear, al tiempo que propone la política del “no aislamiento” para que Estados Unidos mantenga su hegemonía mundial, donde establece que la relación histórica de apañamiento a las bestialidades que comete el Estado sionista de Israel generan un costo altísimo para los intereses norteamericanos en el escenario internacional actual.

Esta puja estadounidense sobre el desarrollo atómico de Irán es parte de la confrontación intestina en torno a un cambio estratégico militar, donde el sector de Panetta, y ahora posiblemente el de Hagel, plantea un corrimiento hacia el Océano Pacifico como principal área donde Estados Unidos debería establecer su poderío bélico.

En la actualidad Estados Unidos cuenta con 47 mil soldados únicamente en la base militar de la isla japonesa de Okinawa y 28 mil en Corea del Sur, y es el promotor del crecimiento armamentístico de Japón –que recientemente elevó su presupuesto de defensa-, de Taiwán –que en tres años ya lleva gastado 18 mil millones de dólares en equipar sus Fuerzas Armadas, y de Corea del Sur –que ha mejorado su poder de guerra en la última década con la adquisición de 14 submarinos y 10 destructores-.

León Panetta lo denomina como “El reequilibrio de Estados Unidos hacia el Pacífico”, según el título de su reciente artículo publicado en Project Syndicate a fines del 2012. Allí asegura:

“el pilar final del reequilibrio estadounidense es la proyección de fuerzas. Planeamos tener el 60% de nuestra flota naval basada en el Pacífico para 2020, y el presupuesto de defensa de Estados Unidos ha preservado, e incluso fomentado, la inversión en nuevos activos y mayores capacidades, necesarios en el teatro del Pacífico”.

Más adelante detalla que “nuestro plan de inversión prioriza el desarrollo e instalación de la tecnología más moderna y competente, que incluye submarinos de clase Virginia, aviones de combate F-22 y F-35 de quinta generación, aviones de patrulla marítima P-8, nuevas capacidades de guerra electrónica y comunicaciones, y mejores armas de precisión y misiles de crucero”.

“Estas son algunas de las capacidades que permitirán a nuestras fuerzas proyectar poder en caso de que nuestro acceso y libertad de acción se vieran comprometidos”, manifiesta Panetta.

Este planteo puede sustentarse con los recientes anuncios según los cuales Estados Unidos reduciría la rpesencia de sus tropas en Afganistán hacia diciembre de 2014, dejando en suelo afgano apenas 2 mil soldados estadounidenses, y en la promoción para que la OTAN se ocupe de la contención militar en Medio Oriente y el cinturón euroasiático.

El escudo de misiles Patriot que están instalando en la frontera turco-siria sólo cuenta con 27 especialistas de Estados Unidos, mientras que de Alemania y de los Países Bajos son centenares. Lo mismo ocurre con el crecimiento de tropas de la OTAN en el Golfo Pérsico y el aliento de Washington a través de Arabia Saudita de conformar un Ejército unificado de las seis monarquías del golfo.

En definitiva, para poder retirar tropas de ese teatro de conflicto y reagrupar su poderío en el cada vez más caliente Océano Pacífico, para neutralizar el crecimiento militar de la República Popular de China –segundo país del mundo, después de Estados Unidos, en presupuesto militar- y en menor medida de República Popular Democrática de Corea, necesitará contar inicialmente con sus aliados europeos y árabes, y fundamentalmente, establecer una tregua con la República Islámica de Irán, con fuerte influencia en la región.



El programa nuclear iraní como moneda de cambio

Se ha hablado mucho sobre el empantanamiento militar de Estados Unidos en Afganistán y en Irak, los escándalos de sus soldados y el gasto billonario para sostener la invasión en ambos países –solamente en Afganistán se han gastado desde el 2002 la suma de 100 mil millones de dólares-, con resultados desastrosos en materia de normalización política, ya que emergieron nuevos focos de conflictos con nuevos actores en cuestión que no estaban a priori en los cálculos estratégicos del Departamento de Estado.

La llamada primavera árabe fue reorientada en función de los intereses de las grandes potencias occidentales, aunque la vida política de los países involucrados aun permanezca en movimiento. Pero Siria ha marcado un freno a las intenciones norteamericanas de romper el equilibrio en la región. La imposibilidad de vulnerar las barreras de resistencia que ofrece el gobierno sirio de Bashar Al-Assad, luego de 22 meses de conflicto, sumado al sostenimiento internacional de la Federación de Rusia y la República Islámica de Irán al régimen de Damasco, demuestran la inviabilidad de la estrategia de Estados Unidos para quebrar el avance de China y Rusia mediante el aniquilamiento a corto plazo del estado sirio y el asedio constante a Irán.

Tomando en cuenta el documento de Panetta y los planteos de Hagel, se podría arriesgar que un posible restablecimiento de las relaciones bilaterales entre Estados Unidos e Irán, donde el principal instrumento de negociación con el que contaría el gobierno de Barack Obama sería levantar las sanciones económicas a la República Islámica por su desarrollo de energía atómica, se presenta como un horizonte posible para la Casa Blanca, hoy envuelta en una crisis económica de gran escala y con la necesidad de no ser el actor principal de ninguna guerra a mediano y largo plazo como hasta ahora se vienen presentando en aquella región.

Esto de ninguna manera significará que Washington no intente trabar el crecimiento iraní en el mundo. Sin ir más lejos, a comienzo de año Obama firmó una ley, diseñada por el lobby sionista, para frenar la influencia de Irán en Nuestra América. Esto debería ser analizado como parte del redespliegue hegemónico norteamericano en el continente. Al igual que lo hace en África, pero en este caso militarizando y sembrando de guerras secesionistas la región con tropas regulares del AFRICOM y la OTAN, pero también contratando mercenarios de agencias privadas.



Israel estaría aislado

El nombramiento de Chuck Hagel, motivó reacciones de oposición en el Partido Republicano, motivadas por el lobby sionista. Inmediatamente se pronunció el Presidente del parlamento israelí, Reuven Rivlin, quien declaró que Israel debería estar “preocupado” por la designación de Hagel al frente de la Secretaría de Defensa. Y afirmó que “las ideas aislacionistas de Hagel se verán reflejadas en un cambio de política de los Estados Unidos que tendrán su impacto en Israel y en el equilibrio estratégico de poder global”.

“De modo que Israel deberá saber cómo manejar el tema sin aislarse de la fortaleza de seguridad estadounidense”, sugirió el dirigente del oficialista partido israelí Likud.

Pero esta advertencia de Rivlin pareció no importarle al premier israelí, Benjamín Netanyahu, quien anunció que para su próximo mandato frenará el desarrollo nuclear de Teherán. Además de invadir cotidianamenteel territorio palestino para crear nuevos asentamientos de colonos sionistas, como los que se están construyendo en Cisjordania y que motivaron fuertes enfrentamientos con la población.

El martes 8 de enero se publicó una encuesta realizada por el Instituto Israelí de la Democracia en la que se presenta a Netanyahu como el candidato ideal para sostener con firmeza la seguridad de los israelíes con el 53% de los votos a favor. Mientras que por su parte, el ex-primer ministro de Israel, Ehud Olmert, criticó al actual jefe del Ejecutivo por gastar millones de dólares en su política beligerante respecto de Irán.

“En los últimos dos años hemos gastado más de 3.000 millones de dólares en paranoias sobre la seguridad por la amenaza iraní y no ha pasado nada” aseguró Olmert, criticando el gasto desorbitado de Netanyahu en materia de defensa.

Es sabido que Hagel cuando fue senador hasta el 2008 se opuso en el Congreso en varias ocasiones a las políticas relacionadas a los intereses de Israel, y realizó comentarios despectivos sobre la supuesta influencia del lobby sionista en Washington al votar en contra de sanciones contra Irán.

Los movimientos políticos y económicos en Estados Unidos, la crisis económica imparable que sacude a Europa, la resistencia del gobierno y el pueblo sirio, el avance nuclear de Irán pese a las sanciones, la cada vez más aceptada causa palestina en la comunidad internacional a partir de la bestialidad sionista de Israel, el crecimiento militar de Rusia y de China en el Pacífico, y el estancamiento bélico en el cinturón euroasiático, hacen presagiar un nuevo panorama político internacional para los próximos años.

Fuente: http://www.noticiaspia.com.ar/el-programa-nuclear-de-iran-y-la-militarizacion-del-pacifico-elementos-de-un-posible-escenario/

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